Espectros en la jungla

En lo que respecta al ser humano, sus actitudes muchas veces son realizadas sin mucho sentido o quizás con una intención que no es favorable ni para ellos, ni para los demás. Si bien se encuentra de todo tipo de clases y, en realidad, hay una que me molesta, no por el hecho del posible (o imposible ?) mal que pueda causar, sino el fin específico de dicha acción.

Quizás este texto suene a un típico “llanto de un ñoño” o a “rabia irracional” las cuales no son la intención real, sino que de una cualidad (?) inherente que me hace sentir que debo ayudar al desamparado, pero que de alguna forma se ve opacada por la gran pandilla de personas que comparten la misma calidad de pensamiento simplista y banal.

A través de mi poca vida en este mundo o más bien desde mi época del “despertar”, me he encontrado con varias situaciones de este tipo, unas me hacen reflexionar, otras me producen sentimientos (que considero irrelevantes explicarlos aquí), pero que tienen algo en común, todas están manufacturadas bajo la base de la inmadurez y el afán de ego del individuo que, en este caso, abusa de otra. De todas esas ocasiones en las que he sido espectador, son estas dos las más prominentes características que he logrado identificar (lo que hasta ahora me había traído sin cuidado), sin embargo, divagando en el asunto reconocí otra particularidad, es que estos tipos siempre les resultan bien (de alguna manera) las cosas, ya sea ámbito académico, laboral, social, etc. Sé que es algo basado en cosas realmente subjetivas, pero mi experiencia no ha hecho más que comprobarlas, de alguna forma.

Cierto, para todo existe un límite y hay que saber cuando dejarlo, de modo que la suerte de la otra persona tome represalias contra ti, cosa que de ninguna forma lo pensarían estos tipejos, más aún si después van por ahí sintiéndose orgullosos de su “logro” (haber hecho reír a sus amigos más patanes que el). No es que quiera hacer algo, o que me importe lo suficiente como para al menos pensar en hacer algo. Pero hay veces donde realmente no sé si es la vida, los dioses de la naturaleza o, la más probable, su propia estupidez, la que respira profundo, reúne la potencia necesaria y arremete contra dicho individuo en forma de venganza. Esto sin duda me trae mucha satisfacción y al ver cuando se sienten que necesitan ayuda, llegan como un vagabundo mendigando alimento.

A veces, me gusta creer que hay algo más allá que ve todo y que, actuando a modo de vengador, hace de las suyas por simplemente ganas o diversión, que provoca o “gatilla” ciertas circunstancias donde se equilibran las cosas. Quizás no en un término medio, pero si en la forma que le permita dejar el telón en lo alto para que la función siga ni terminar y así poder ejercer su especie de trabajo narciso que para personas como yo hace de un día lleno de aburrimiento, malestar y asco, en uno con una mínima luz de que existe una especie de orden que da de merecidos por nada más que simple gusto.

Ultima actualizacion: 2011-07-10
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