Particularmente odio las sociedades rurales y considero que la naturaleza es uno de nuestros mayores enemigos. Si el ser humano sobrevive aún es gracias a que ha sido el único bicho que ha sido capaz de plantar cara (hasta cierto punto) a la naturaleza la cual, como es público y notorio, se cepilla especies con una facilidad pasmosa.
O sea que todo este rollo del buen salvaje y la armonía con la naturaleza es una absoluta milonga. Los supuestos “buenos salvajes” (y lo mismo pasa con los animales) no son ni más ni menos buenos que nosotros. Y vivir bajo los dictados de la naturaleza un auténtico suicidio. Insisto lo único que hace que seamos una especie con ciertas posibilidades de permanencia son nuestras actividades para protegernos de la naturaleza (desde una vacuna, pasando por un dique o una construcción antiterremotos).
Una cosa es abogar por un freno o control en actividades que jodan el medio ambiente (y eso por puro egoísmo para no extinguirnos) y otra defender la vuelta a la caverna.
Por otro lado volver a la caverna es una opción fácil, sencilla y al alcance de todos, basta con irse a vivir a uno de los miles de pueblos abandonados que hay en el mundo y empezar a labrar la tierra.
La ensoñación de una sociedad rural, armónica, sencilla y primitiva (tipo Amish-Meronita), suele ser propia de pijos-estresados-urbanos que no la soportan una vez la prueban. Por el contrario, muchos de los que viven en el primitivismo por cojones, no se lo pensarían dos veces y abrazarían sin dudarlo las comodidades y avances de la civilización y la cultura urbana.
Es la misma idiotez que pensar que quiénes viven en tribus primitivas o los niños, son felices. Hay felices e infelices, como en todas partes.
Insisto en mi teoría, al ser humano le falta conocimiento y le sobra jactancia. Creemos que vivimos en una sociedad de la hostia y no somos más que unos monos un poco más habilidosos que la media. Renunciar a esa pequeña habilidad y elegir volver a ser poco más que un chimpancé, no me parece una buena opción.
~Trauma.