¿Hasta donde puede llegar eso que nos hace sentirnos bien por estar en la cima? Siempre he tenido esa pregunta en cada paso que doy, en cada tic-tac del reloj dentro del día-a-día. Ser competitivo es algo que se necesita para poder salir adelante sólo en una sociedad que lo amerite. Pero ¿es realmente necesario que ese tipo de competitividad esté también presente en los videojuegos?. Mi respuesta para eso es un tanto ambigua desde el punto en que comparto puntos de ambas partes.
Por un lado, competir es propio de los juegos desde hace cientos de años atrás y ha sido practicado por civilizaciones en todo el mundo. Ese juego que se invento cuando se era un infante fue evolucionando y modificándose de manera tal que, se volvió un juego para adultos (personas maduras). Los juegos olímpicos son un gran ejemplo de lo que digo. Con esto trato de comparar lo que son los juegos en la realidad y los que son los videojuegos.
Esto le da un toque de diversión para personas que por un lado quieren disfrutar de hacer un equipo, trabajar “codo a codo” por un premio es otra analogía de como es el mundo actualmente y esto quiero remarcar, ya que para quienes sólo sean simples expectadores y además obtengan diversión al ver y “sentir” el juego, están cayendo en el sentido abstracto y quizas como una planificación macabra que pretende “configurarnos” de una manera específica para que todos sigan el mismo ejemplo.
Por otro lado, el hecho de competir por algo en específico enmarca un poco a tipos de persona, puede crear sentimientos negativos entre competidores y posiblemente, ataques a la vida de otras personas, como ocurre con las hinchadas en los clásicos de equipos populares donde, de no ser por estos tipos que hacer desorden y destrucción, ir a ver al equipo preferido con la familia no es muy seguro.
Así mismo ocurre esto en los videojuegos en las cuales ganar es por conseguir algo y la arrogancia es la primera en mostrarse. Ser bueno propiamente tal generará una especie de empatía entre jugadores buenos quedando excluídos otros que no son tan buenos y sólo quieren divertirse. Así mismo se generan sentimientos negativos como enojo y rabia, por ejemplo. Si bien son pocos los juegos que te hacer ser competitivo y simplemente jugar con personas poco comprometidas no da para divertirse cuando necesitas de otra persona en tu equipo.
En fin, quizás la competencia está imbuida en el ser humano y este es el que la ha llevado a todos los campos posibles de la vida. Así como nuestros ancestros organismos unicelulares competían por conseguir comida y poder evolucionar es algo que el ser humano en este tiempo actual (millones de años después) todavía está presente en el arquetipo de todas las personas en el planeta. A pesar de que hayamos evolucionado durante tanto tiempo y de habernos adaptado a tantas cosas ocurridas en el mundo durante la historia del mundo, aún no puede “quitarse” los malos “hábitos” de cuando eramos “chicos”.
Saludos a todos.
- Eduardo L. Labrador